Turia revista literaria

He leido, como suelo hacer algunas noches, trozos de Turia. Uno de los trozos, una carta de un Inglés, Illian que recordaba a un pobre escritor que apesar de su destreza en las letras parecía que no había superado la posible opción de ser humano. Todos queremos que nos recuerden los que nos conocieron con el epitafio de era una gran persona. Nadie sabemos exactamente que se esconde detras de esas polabras. Gran persona puede ir desde buena hasta tonta, el orgullo en esas ocasiones no nos deja ser gran persona. El estilo epistolar me ha resultado muy interesante, sencillo, claro y sin pretender, no como el texto sobre la vejez y la muerte de José María Conget que, mostrando su destreza en el vocabulario, intenta en unas pocas páginas mostrar su erudición en vocabulario, empalagosa lectura aunque por párrafos es interesante lo que nos cuenta. Sin dudarlo, Turia es una revista literaria que entretiene incluso a un lector mediocre como yo.

Te mandé varios correos y una llamada, no contestaste espero que por la incorporación a la vida de Zaragoza, la mágnifica ciudad cosmopolitana de orillas del Ebro. Por mi parte he mirado webs, he preguntado a profeionales y hemos pensado sobre lo que Juan quería, no te preocupes, también en tú web. Creo que sí podemos ponermos en marcha, un magnífico proyecto que con simplicidad os aporte lo que os gustaría. Eso lo trataremos el próximo día cuando nos encontremos de nuevo. Te llamo para quedar.

Recuerdo que cuando comencé a estudiar Inglés, yo había estudiado Francés y lo comprendo con más naturalidad que el Inglés a pesar que me manejo peor con él, comprendí de la necesidad de poder tener un lenguaje profesional, de trabajo y de curriculum. Al final me ha servido principalmente para poder conocer y comunicarme con personas que me han abierto mis esquemas y formas de ver el mundo. En el momento de comenzar el camino sabía que podría dominarlo para comunicarme, vitalmente me atraía, era una cuestión de tiempo el lograr que partes básicas del inglés entraran en mi cabeza. Sin embargo, cada vez que me ponía a estudiar me parecía imposible, tenía más parecido a un chiste ni siquiera a una ilusión que a una realidad. El jugar con ello durante años me sirvió. Ahora, me encuentro en el mismo deambular, me encuentro en un momento en que no tengo conocimientos a la vista que capturar ni de geología ( es una cultura y unos conocimientos profesionarles especializados ), ni de empresa ( la filosofía ya la aprendí, las técnicas las domino, la experiencia viene cada día ), lo social, revistas de actualidad se repiten. Ahora, me interesa lo humano y para ello compruebo como la escritura es un vehículo mágnifico, pueril descubrimiento. Pero, tras el descubrimiento sé que vendrá el juego, el ejercicio, la búsqueda del aprendizaje cotidiano, la prueba, el ensayo, el error. Escribo poco, leo poco, pero conforme pasan los meses cada vez un poco más. De las revisas selecciono los artículos de escritores, me fijo en lo que dicen pero también en cómo lo dicen, antes sólo lo que decían me interesaba. En El País del domingo pasado hay tres artículos sobre las prendas de vestir que servirían para un taller de creación literaria. El como se dice hace que se nos descubra la persona que está detras. Es como si por medio de la palabra escrita se pudiera perfilar el propio retrato, la imagen proyectada de nosotros hacia los demás. Se abre delante de mí la fuerza de las letras, la tela rasgada que deja paso a la luz y rodea con resplandor mi ceguera. No quiero correr, no quiero dejar de saborear el momento en que voy a comenzar un nuevo viaje. Voy a comenzar a tener experiencias semejantes a la primera vez que mantuve una conversación de dos horas en francés, o cuando entablé mi primera conversación monosilábica en inglés, mi cerebro ardía, mi cansancio resultaba enfermizo pero mi alegría era absoluta, mi cerebro se había descubierto en una nueva capacidad.

Veo Turia junto a mí, reposando sobre la mesa donde escribo, y sé que las letras serán las compañeras de mi viaje.

Veo un Señor de más de cincuenta años, sentado en un vagón de renfe con un libro y un móvil, conversando sobre la compra de terrenos para construir una fábrica, quizá es alguien que comenzó el viaje hace tiempo…en las manos, relajado y disfrutanto, momentos antes estaba leyendo con el semblante relajado.

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