Una espera milenaria o una familia en la tarde
- Posted by eliseojavier on October 12th, 2006 filed in De letras
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La disposición de todos ellos era suficiente. Todos comprendían que la situación estaba fuera de la normalidad, los más pequeños de la casa miraban desde su posición inferior a los adultos que con cara tensa hablaban intentando cubrir con su voz la anormalidad del momento. Las chicas se miraban el límite de la falda como si buscasen hilvanes que nunca habían estado ahí, intentaban despistar el tiempo para que la normalidad aflorara en el ambiente.
Al fondo, el más pequeño de todos, una criatura de diez meses que había llorado toda la tarde, enmudeció, el silencio se hizo y con ello las miradas agudizaron su búsqueda por todas las aperturas de la habitación, puertas, ventanas.
Miraban por los vidrios de la ventana, los abuelos había podido vivir la misma situación semejante hacía almenos sesenta años, habían sido ellos los ojos infantiles que hoy sus nietos poseían.
La luz de la tarde se desvanecía y nadie esperaba que la luz del próximo día fuera a llegar y que les pudiera dar la paz que de repente, sin avisar, se había roto, la tranquilidad de la familia estaba destruida y ni siquiera la inconsciencia, tan típica en ese hogar, iba a permitir acallar la conciencia de cada miembro del clan.
La luz del día desaparecía, las sombras crecían y hacía los rostros más preocupados y tensos. Nadie respiraba por encima del ritmo del vecino, no quería significarse de manera especial en un momento tan negro como la noche que comenzaba a triunfar sobre el día.
Sentado en un rincón de la habitación estaba Antonio. Pensativo y callado como el resto no movía ni un músculo de su cara, él parecía que ni respirará. Miraba el suelo como si buscará una solución que terminará con esa situación que había comenzado horas antes. Miraba con precisión cada muesca de las baldosas. Recordaba como de niño sus padres habían cambiado el tapiz cerámico y que , no sin discusiones, su madre lo había logrado arrancar de su padre en un año que no había sido favorable. Sin decir palabra, giró su cabeza a la izquierda, en la dirección de la ventana donde se encontraban los abuelos, intentó hablar pero no lo consiguió, el dolor que sentía, el estómago sujeto y forzado, le recordaba que si abría la boca las lágrimas surgirían en sus ojos como de una fuente de agua amarga y fría. Volvió su cara de nuevo y dejó su vista fija en el suelo con la pretensión de que el cerebro callase y no trajera ninguna imagen de los muchos recuerdos vividos.
Todos seguían en silencio, callados, mirando en la oscuridad estaban convencidos de que pronto tenía que terminar todo, el día había transcurrido lento y pesado, tendrían su descanso nocturno.
Desde el exterior se oyó un grito.
.- ¡ Por fin !
La misma voz continuó con voz alta y desgarrada.
.-Tenemos noticias, todo ha terminado, vuestro hermano, hijo, nieto… ha llegado, la nave se ha acoplado y ha podido entrar en el módulo espacial.
Todos gritaron de alegría, su chico, su hermano, su nieto el astronauta después de estar suspendido en el espacio durante todo el día, había sido recuperado. Podrían descansar sabiendo que aquella luz perdida en la habitación había traído el descanso nocturno.
Una familia pendiente de un hilo espacial, que distintos los días cuando los viajes eran tan simples como sujetarse bien alpargatas y faja, y andar con los pies en el suelo.





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