Paciencia con los ‘e-mails’

 

Tu bandeja de entrada rebosa después de vacaciones

Lucy Kellaway / Financial Times

Hace alrededor de diez días me llamó una chica de la BBC a Cornwall para preguntarme si estaría dispuesta a asistir a una tertulia radiofónica sobre la amenaza de los Blackberry y sobre cómo interfieren en las vacaciones de sus propietarios. No, no quise asistir porque acudir a la radio también interfería en mis vacaciones.

En cualquier caso, como no tengo Blackberry no podría formarme mi propia opinión. Sin embargo, sí puedo decir algo sobre la amenaza de los teléfonos móviles. La semana pasada, mi marido se dejó el suyo en el autobús y la persona que lo encontró se dedicó a mandar mensajes a nombres aleatorios de mujeres que aparecían en la agenda del teléfono invitándolas a mantener relaciones sexuales.

 

Dado que mi marido es el director de la revista Prospect y que su teléfono móvil contiene los nombres de algunas de las intelectuales más aguerridas de Reino Unido así como de jóvenes y dulces becarias, la niñera, la mujer de la limpieza, etc… el grado potencial de incomodidad de la situación era realmente alto. En fin, que tuvimos que realizar muchas aclaraciones. En el caso de los Blackberry, la mayor amenaza es la de no tener uno. Esta falta puede mejorar las vacaciones, pero hace que el regreso sea mucho peor. Vuelves para descubrir que los correos electrónicos en tu bandeja de entrada se han multiplicado –según investigadores de Glasgow, la media por persona es de 600 correos después de un descanso de dos semanas–.

En la increíblemente lejana época anterior a los correos electrónicos, el regreso después de unas vacaciones era algo ocioso. La gente solía decir: “¡Caramba! Tienes buen aspecto, ¿te lo has pasado bien?”, y entonces les enseñabas las fotos.

Uno de los primeros mensajes que me esperaba a la vuelta era de Kevan Hall, experto en gestión y autor de Speed Lead (Liderazgo rápido). Su consejo para los que vuelven de vacaciones: borrad todos los mensajes. Expone que la mayor parte de los problemas se habrán solucionado solos durante tu ausencia y que si algo es importante, volverán a mandar el mensaje. La simplicidad y audacia de este consejo tienen cierto atractivo, pero no es la respuesta. Borrarlo todo equivale a decir: “Háblale a la pared”. Es la forma definitiva de jugar a soy-más-importante-que-tú, un juego para desmoralizarse.

Para mí, la ansiedad posvacacional con respecto a los correos electrónicos no tiene que ver con el número. La mía procede del miedo a que contengan algo desagradable, y de la esperanza de que haya algo agradable. Borrarlo todo no ayuda: lo desagradable volverá de forma incluso más desagradable y lo agradable puede desaparecer para siempre.

El esquema de Hall equivale a decir que el correo electrónico está tan fuera de control que ya no podemos sobrellevarlo. Sólo necesitamos mantenernos firmes. Para demostrarlo, me preparé con calma para enfrentarme a mi bandeja de entrada y me cronometré.

Tenía 543 mensajes esperándome después de estar fuera 10 días. Los borré todos, pero entonces di marcha atrás y recuperé todos los que parecían interesantes, importantes o divertidos. Tardé 32 minutos en separar el grano de la paja, y resultó facilísimo. Un mensaje de mi jefe con el amplio asunto: “tu columna del lunes” era algo que tenía que guardar. Uno de sistemas diciendo “estamos teniendo problemas con el servidor xyz” no lo era.

Finalmente, encontré 58 que merecían la pena conservar. Leerlos todos y responder a ellos me llevó dos horas y 48 minutos. Durante todo este tiempo no hubo ninguna sorpresa realmente desagradable, aunque tampoco hubo ninguna agradable. ¿Quiere decir esto que malgasté la mayor parte de las tres horas? Desde luego que no. Este ejercicio con los correos electrónicos fue una buena forma de comenzar. Fue como bucear en una piscina de agua fría, que te despeja e impresiona, pero que te pone a punto para el trabajo.

Tomado Expansión

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