Inmigración y franquicia, una colaboración anunciada

José Manuel García Cachón
Director general de Cenco

El sistema de franquicia representa una excelente oportunidad para todos aquellos emprendedores foráneos que llegan a nuestro mercado.

Ávidos de novedades, en lo que al siempre complicado mundo de los negocios se refiere, ¿cómo no iban a fijarse los inmigrantes en un sistema que se ha convertido en la última década en el único modelo de comercio minorista que puede mantener el pulso de las grandes superficies comerciales? Los datos sobre el índice de éxito de la franquicia son elocuentes: mientras los negocios independientes sufren una elevada tasa de mortandad en los primeros años de existencia, el fracaso en el sector de la franquicia oscila apenas entre el 7 y el 9%.

Uno de cada cuatro trabajadores que se da de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos es extranjero, según la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos (ATA). Así, de los 62.272 nuevos autónomos que se inscribieron en la Seguridad Social entre enero y junio, un total de 14.443 eran inmigrantes, colectivo que ya suma casi 160.000 personas dentro del régimen de autónomos.

Con este formidable mercado, no es de extrañar que franquicia e inmigración comiencen a ir de la mano. En mi caso, cuatro de cada diez candidatos que se interesan por convertirse en mis franquiciados han nacido fuera de nuestras fronteras. ¿Soy una rara avis? No lo creo. Más bien lo contrario. Tanto es así que el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales ha hecho público el informe Empresariado étnico en España, en el que se destaca que los trabajadores inmigrantes y las minorías étnicas recurren principalmente al autoempleo con el objetivo de paliar las desventajas conocidas por todos a las que tienen que hacer frente en el mercado laboral.

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