La riqueza y la pobreza … ¿ Cómo salir ?
- Posted by eliseojavier on April 21st, 2011 filed in Catolicos, Economía, Personales
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La destitución de Muhammad Yunus o cómo la política puede acabar con Grameen Bank
“Destituido”. El pasado 4 de abril la Corte Suprema de Bangladesh ponía fin a la agria batalla que durante semanas había atraído toda la atención mundial. El perdedor ha sido el Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, fundador en Bangladesh del banco de microcréditos Grameen Bank, que ahora ya no podrá seguir dirigiendo. Alegando que Yunus, de 70 años, seguía ilegalmente siendo el director ejecutivo del banco tras haber superado los 60 años de edad, la Corte se puso del lado del Gobierno de Sheikh Hasina Wazed y del banco central. Pero al igual que ocurre con algunas subidas y bajadas en el ámbito de las microfinanzas –donde se ofrecen pequeños préstamos y otros servicios financieros a los más desfavorecidos-, detrás de esta destitución hay muchos intereses ocultos.
Según Mary Ellen Iskenderian, presidente y consejera delegada en Nueva York del banco sin ánimo de lucro Women’s World Bank (WWB), la saga Grameen han sido “destellos positivos”, esto es, eventos que a lo largo de estos años han disparado la confianza colectiva en el creciente sector de las microfinanzas globales (con activos por valor de 60.000 millones de dólares). Una vez aclamadas por su promesa de acabar con la pobreza ofreciendo capital a millones de personas pobres y sin crédito, ahora se acusa a las instituciones microfinancieras de todo el mundo, desde Marruecos a México, de explotación, de obtención de beneficios gracias a agresivas tácticas de ventas y de cobrar tipos de interés de dos e incluso tres dígitos.
Entre los efectos más dramáticos se encuentran los suicidios que tuvieron lugar en la India el pasado otoño. En Andhra Pradesh, un Estado del sureste de la India, se suicidaban cerca de 50 personas con dificultades para devolver sus microcréditos. Precisamente en esta zona han surgido muchos microfinanciadores privados atraídos por la rentabilidad y crecimiento del sector. La tragedia ha revelado las agresivas tácticas de ventas y de recaudación de las instituciones microfinancieras y su molesta relación con los Gobiernos. Según Iskenderian, los suicidios proporcionaron al Gobierno de Andhra Pradesh, “que había estado buscando durante algún tiempo cómo inmiscuirse en el modo en que allí se desarrollaban las microfinanzas”, el motivo perfecto para imponer una estricta regulación.
Mientras, en Bangladesh las tensiones entre Yunus y el Gobierno bangladeshí seguían creciendo. La por sí misma endeble relación empeoró aún más el pasado noviembre, cuando se retransmitió un documental que cuestionaba los logros de las microfinanzas y citaba, entre otras cosas, el mal uso de las ayudas que el Gobierno noruego había concedido a Grameen Bank en los 90. Aunque en Noruega los burócratas responsables rápidamente emitieron un informe explicando que el caso había sido resuelto de forma amistosa hace mucho tiempo, el beneficio de la duda aún seguía planeando. Es entonces cuando Sheikh Hasina, que desde hace mucho tiempo mantiene una enemistad personal con Yunus, entró en escena. En febrero y a través de una conferencia de prensa acusaba a las entidades microfinancieras de ser “chupasangres de los pobres”. Desde entonces su Gobierno ha puesto en marcha diversas investigaciones acerca de las actividades de Grameen Bank.
“Accidente histórico”
¿Tiene motivos el sector de las microfinanzas para estar preocupado? En muchos sentidos el Grameen Bank no es como el resto entidades microfinancieras; tampoco Yunus se parece a sus ejecutivos. El sector posee un considerable número de carismáticos pioneros, como es el caso de Shafiqual Haque Choudhury de ASA en Bangladesh. Ela Bhatt, fundadora del sindicato SEWA (Self-Employed Wome’s Association) en la India, es una respetada líder en un sector afín. Pero son muy pocos los que pueden estar a la altura del Premio Nobel, entre cuyos amigos se puede citar a Barack Obama, Nelson Mandela y otros personajes que rápidamente han mostrado públicamente su apoyo.
En cuanto a Grameen, según Stuart Rutherford, fundador de SafeSave, una organización con ánimo de lucro que ofrece servicios financieros a los pobres de Bangladesh, su especial papel como institución financiera bajo un estatuto gubernamental es lo que denomina “un accidente histórico”. Creado tras la batalla por la independencia de Pakistán hace 40 años, Grameen Bank ha estado en la vanguardia del desarrollo del microcrédito en este país densamente poblado (147 millones de habitantes). Grameen pasó a estar supervisado por el banco central en los 80 y se le concedió un estatuto poco usual que se ha convertido en una bendición y al mismo tiempo una tortura.
Aunque el Gobierno bangladeshí tiene un porcentaje pequeño del capital de Grameen, posee tres de los doce asientos de su consejo y poder de veto en la elección de ejecutivos, su participación ha sido relativamente pasiva, reflejando su postura laissez-faire hacia las entidades microfinancieras en general. En opinión de Rutherford, que también es miembro honorario de Brooks World Poverty Institute de la Universidad de Manchester en el Reino Unido, mientras la corta y violenta historia de Bangladesh se debatía entre la democracia y la ley marcial, a los suministradores de microcréditos se les dejó solos, sin mucha interferencia por parte del Gobierno o del sector empresarial, incluyendo la banca formal.
“Bangladesh adoptó rápidamente las microfinanzas por varios motivos, algunos de los cuales están relacionados con su particular situación”, señala Rutherford. “Allí el Gobierno siempre ha sido débil en comparación con, por ejemplo, la India. El Gobierno indio hace que las leyes -como los límites a los tipos de interés-, se cumplan de una manera mucho más efectiva que en Bangladesh. Así, los que conceden microcréditos -como Yunus-, tienen muchísima más capacidad para experimentar”.
Asif Dowla, profesor de Economía en St Mary’s College, Maryland, cree que ese ha sido un gran beneficio para las entidades de microcréditos de Bangladesh y el principal activo de Grameen. “La falta de regulación es uno de los motivos por el que las entidades de microcréditos han prosperado en Bangladesh”, explica. “El Gobierno no se ha puesto en su camino”. De hecho, fue en 2006 cuando el Gobierno sintió la necesidad de supervisar formalmente el sector y crear la Autoridad Reguladora de Microcrédito (MRA). Pero la carga de trabajo que esta agencia ha tenido que soportar es enorme; tan sólo ha concedido 550 licencias entre las 1.000 entidades de microcrédito bajo su esfera, señalan los expertos. Mientras, Grameen Bank está bajo el control de la MRA debido a su estatuto especial.
Con más de ocho millones de clientes, Grameen no ha hecho más que crecer. El banco ha concedido créditos por 10.300 millones de dólares desde que en 1976 empezaba sus operaciones y tiene una tasa de recuperación de las inversiones de cerca del 97%. Ha duplicado el número de oficinas en los últimos 10 años; en la actualidad cuenta con más de 2.900 y emplea a más de 23.000 personas -incluyendo más de 13.000 agentes- que prácticamente en su totalidad con mujeres. El préstamo promedio es 123 dólares, y el coste anual por deudor está comprendido entre los 8 y 13 dólares. En 2009 Grameen tenía 1.500 millones de dólares en activos y un rendimiento del capital del 5,64%.
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