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El Señor Feudal

PorE. J. Asso

El Señor Feudal

Un hombre era el más rico de la región. Su habilidad, conocimiento y arrojo le había permitido atesorar riquezas que otros ni siquiera sabían contar.

Tres castillos protegían sus dominios, fieles siervos, aunque no los mejores, vigilaban las entradas, los puentes y los caminos principales. Otros cultivaban los campos, campos fértiles y menos fértiles eran explotados con las mejores herramientas del momento. Sin embargo, los siervos llevaban tanto tiempo con su señor que vivían mirando al día siguiente y no más allá. Nadie pensaba en construir graneros que estaban viejos y en poco serían inservibles para evitar la humedad del invierno y las fuertes lluvias de primavera.

El señor se desesperaba cuando observaba desde su torre el ritmo cansino de la mañana. El nunca había actuado así, siempre pensando en como mejorar, había construido un castillo partiendo de una simple torre de vigilancia. Viendo que existía una línea perfecta de control, levantó un segundo castillo, más pequeño pero mejor ideado y al tiempo, comprobada la eficacia de éste segundo, mandó construir un tercero que culminaba el cerro. Los tres baluartes controlaban el fondo del valle donde estaban las mejores tierras. En cada mejora aumentaba sus ingresos, más ingresos, más defensas, mejores técnicas y más siervos.

Pasaron lo primeros años de juventud y adentrándose en la madurez comprobó como el tiempo lo empujaba hacia la vejez poco a poco, que las fuerzas aunque conservadas estaban mirando hacia el pozo negro del abismo, al que nunca había gustado mirar. Todo lo conseguido con esfuerzo, largas batallas y discusiones con sus mayordomos, estaba en el punto de que en un futuro se perdiera sino se miraba por ello.

Era un pensamiento, nada más que un pensamiento, pero en tantas ocasiones sus pensamientos se convertían en realidad que la sombra de la duda era, en esta ocasión, un alivio para poder dormir alguna noche más.

Decidió actuar, buscaría una persona que pudiera continuar y mejorar lo logrado hasta ese día.

Tomó el camino del Norte, hacia la tierra donde decía que había hombres fuertes y aguerridos. Cabalgó por una semana, se acostó en el campo y durmió bajo las estrellas como cuando su cuerpo era fuerte. Llegó a la tierra de los hombres aguerridos, convivió con ellos durante tres meses. Tres meses de compartir todas sus inquietudes, todo lo comprendió y conoció. Al cabo de ese tiempo retomó el camino a su feudo, no había conocido a nadie como él. Regresó con más energía, con más fuerza, él no era hombre que se dejará hundir fácilmente por las malas noticias. Ante una situación difícil batallaba con más valor, más energía.

Pasado un tiempo, volvió a ponerse en viaje, se encaminó a las tierras del Sur. En ella vivían los más jóvenes, con más vida. Sus mujeres eran de tal belleza que si esas tierras las visitaban hombres sin estar desposados quedaban prendados y no regresaban a sus familias. El estaba seguro de que entre ellos encontraría a la persona y, allí, estaría el hombre que comprendería sus necesidades y podrían enfrentarse juntos al futuro.

Un viento frío de invierno golpeó sus mejillas, eran la seis y las pieles que le cubrían no habían podido evitar que el cuerpo recibiera el rigor de la noche. Estaba de regreso de nuevo, tras meses de convivir con el pueblo del sur. No comprendía como tanta belleza estuviera vacía y nadie pensaba más que en el ahora que ya no en el hoy.

Llegó a su casa, celebraron su vuelta. Su mujer, un poco más mayor y enferma, le miró con ojos de paz y sosiego. Los hijos estaban mayores y se veía con claridad que pronto comenzarían a volar buscando nido propio.

Todo ello, le impulsó a planificar el viaje a las tierras del Este. Nada más recuperadas las fuerzas necesarias lo dispondría todo para lanzarse a tierras donde eran más ricos. Esa riqueza la habrían obtenido como él, trabajando, luchando y procurando lo mejor para que cada día la riqueza asegurara un mejor futuro.

Nadie lo podía negar, eran ricos pero egoístas hasta la náusea, algunos padres dejaban morir a sus hijos más pequeños porque era necesario gastar un cuarto de su fortuna en curarlos en el mejor druida de la región. El mago no es que fuera rico pero tenía una legión de ayudantes que tenía que alimentar, los que tenían pagaban por los muchos que eran atendidos y no podían pagar.

Tras iniciar camino, llegó a la sierra y contempló las tierras del Este. Sin árboles, el río no tenía margen, todo estaba cultivado, todo era para provecho. Inició el descenso de la sierra y cruzándose con una anciana le preguntó:

S .- ¡Dios le bendiga señora!

A .- A los buenos días.

S .- Estoy buscando un hombre que siendo rico no le ciegue la avaricia por la riqueza, que siendo rico sea capaz de conocer lo bueno de lo malo, que siendo rico sepa lo que vale una hogaza de pan. ¿Hacia donde puedo encaminarme?

La anciana sin mediar palabra le contestó con la mirada, alzando la mano le indicó el sentido contrario al que llevaba, hacia su casa.

El regreso a su feudo, en esta ocasión, fue amargo, duro, muy duro. Habían pasado tres años y no había podido conocer a la persona que junto a él pudiera encarar su futuro. El sabía que nunca le había preocupado el tiempo, había dado a las cosas el tiempo que necesitaban ya que siempre acaban por salir bien, no como se esperaba, pero siempre bien.

Ese año descansó, no pensó más o lo menos posible, tomó las riendas del feudo que, a tanto viajar, comenzaba a estar tambaleante y se dedicó en cuerpo y alma a trabajar, con otro ritmo que en la juventud pero a trabajar. Además, con su experiencia de años podía estar en los temas con menos dedicación que antes. Sin embargo, el sabía que esto no era la solución. El futuro seguía avanzando, los hijos seguían creciendo y él, sin quererlo, escalaba cada día la montaña de la vida, sin ceder un solo metro, aproximándose a la cima que aunque lejana, el la recordaba años atrás imperceptible, y sin embargo, hoy era nítida como una cabeza de alfiler.

Tornando en sueños y sudoroso, se despertó. Se levantó y mirando a través de la ventana observó sus tierras bañadas, a esas horas, por la luz de la luna llena de otoño. Pronto, el invierno llegaría y dejaría cortado el paso hacia las tierras del Oeste. Nunca lo había pensado, ni belleza ni fuerza ni riqueza se encontraban en ellas, sólo había personas. Vivía un pueblo cargado de historia, conocedor de muchas cosas. Tenían el aspecto de no estar en nada, pero vestían bien y no se conocía hambrunas en sus tierras. La riqueza no era su aspiración pero nunca dejaron de trabajar ya que de su esfuerzo sacaban lo necesario. Sin brillantez pero con agilidad trabajaban en múltiples oficios. Dispuso todo para viajar esas tierras.

Una llanura, esa fue la primera visión del paisaje de la tierra del Oeste. Cabalgó por tres semanas muy adentro del territorio. Se había perdido en varias ocasiones y no había pedido auxilio por temor a que una anciana le helará de nuevo con una verdad.

Vio en lo alto de un pequeño cerro una cabaña, trotando se acercó y divisó una persona trabajando con sus manos. Era un curtidor, hacia la pieles y lo moldes para los zapatos que otros calzaban. Sin dejar de trabajar, lo saludó, le invitó a que descansara y tomase algo.

Se sentó, se quitó las botas, tomó algo y comenzó a charlar con el curtidor.

S.- ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

C.- Tres años.

S.- ¿Tú padre era curtidor?

C.- ¡No! Era agricultor y mi madre nos cuidó, normal.

S.- Te gusta lo que haces.

C.- De todo aprendo.

S.- ¿Antes a qué te dedicabas?

C.- He tenido varios oficios, por eso los curtidores de estas tierras se ríen de mí ya que no poseo la destreza de ellos. Aunque para el poco tiempo que llevo en esto me gano la vida, mis pieles de calidad las trato con técnicas especiales y los modelos son muy distintos a los vistos por aquí.

S.- ¿Has trabajado en muchas cosas por lo que entiendo?

C.- Sí, he viajado por las tierras del Sur, del Norte y del Este. Nací aquí pero emprendí un largo viaje para saber que había en cada uno de esos lugares. En cada uno de ellos aprendí algo.

S.- ¿Qué es lo que aprendiste?

C.- Qué lo único valioso es ser persona. Tener la mirada limpia y poder comer de lo ganado con el trabajo pero siempre habiendo saldado las cuentas del pasado.

Todos los que habitan esas tierras son mucho mejores que yo, me superan en todo, en nada les puedo. Lo digo con conocimiento, conviví con ellos por mucho tiempo y los conozco bien.

Ellos encontraron en mí al que soy, que soy como muchos de los que habitan estas tierras. Tenemos la vida trazada por la historia de nuestras familias, no por lo que nos han dicho sino por lo que han sembrado en nosotros. No podemos engañarnos a nosotros mismos ya que nos educaron en la observación de los demás, si empiezas por engañarte a ti mismo cómo conocerás a los otros, en la honradez del que conoce sus necesidades, ya no de hoy sino las de mañana, en la capacidad de ser responsable ya no de su vida sino de las que comparten con él su existencia y sobre todo el tratar con respeto y mesura el tiempo. No somos eternos, la vida circula por nuestras venas con la marca singular de la finitud. Por ello, cada instante de la vida es administrado con celo ya que es un momento único, irrepetible, eterno, tras él no encontraremos otro semejante.

S.-Entonces ¿Qué haces aquí?

C.-Vivir. Trabajar, compartir mi vida con los míos, con mi familia, mi mujer, mis hijos, mis padres, mis hermanos…

Todos juntos aún sin estar juntos, ellos viven en mí y los comparto, ahora contigo, mañana quien sabe.

S.-¿Te gusta lo que haces?

C.- Me gusta todo lo que hago, en todo encuentro trozos de otros que han vivido eso y en ello han encontrado parte de su vida.

S.- Quiero decir sino te gustaría hacer otras cosas distintas.

C.- No entiendo.

S.- Te gustaría cambiar de lugar, de trabajo, de responsabilidades.

C.- Siempre estaría en el mismo lugar, tendría otra parte del trabajo y seguiría siendo responsable.

S.- Eso lo dices…conozco personas que sólo son responsables si les increpas, si les indicas, si…

C.- Estas en otra tierra, aquí todos somos responsables, trabajadores y buscamos la felicidad completa. Es una meta más complicada que la que tú planteas. Ser feliz en algún momento es difícil pero siempre es imposible. Contra ese imposible lucho, luchamos todos los días en estas tierras.

S.- ¿Tienes claro como hacerlo?

C.- ¡Ja, ja, ja! Sin dudarlo ¡NO!

S.- Ese día seguro que mueres.

C.- Si, de felicidad ¿eh?

C.- Bueno, me preguntas mucho y creo que ya no tengo más … ¿Qué haces aquí?

S.- Busco un hombre que comparta mi vida, que aprenda a cuidar de lo mío y de los míos. El futuro es incierto y siempre gusta tenerlo amarrado. Mejor que cuiden dos que no uno.

He viajado buscando pero no he encontrado a la persona.

C.- No lo creo. Hay tantos hombres como necesidades. Somos todos distintos, aún en esta tierra, somos semejantes pero muy diferentes.

S.- Tú conoces a alguien que quisiera compartir ese futuro.

C.- Muchos, todos.

S.- ¿Dónde?

C.- En cualquier parte…

S.- Eso no me sirve. Defínete.

C.- Ya me definí, tras tu descanso.

S.- Quiero decir que ¿dónde?

C.- En cualquier parte…

C.- Siempre que el caminar sea compartido con respeto hacia el otro, en ambas direcciones. Compartir un futuro es compartir la vida; sabes que eso significa, respirar, sentir y ver juntos, tener estilos comunes y eso…es difícil. Se puede alcanzar tras un largo viaje, nunca antes. Si compartir ese futuro es cambiar el estilo eso es morir para quien lo haga. Entiende que hablo de estilos positivos, nunca negativos. Porque tú lo que persigues es bueno ¿no?

C.- Por eso te decía que muchos son los que desearán compartir un futuro contigo, además, por tus ropajes eres hombre de bienes y seguro que sabrás corresponder en el tiempo.

En esta tierra podrás encontrar a muchos…no lo dudes.

S.- ¿Tú vendrías?

C.- Claro, yo soy como todos. Pero tengo un problema.

S.-¿Cuál?

C.- Nunca dejaré de ser el que soy, recuerda que soy como muchos de los que habitan estas tierras. Tengo la vida trazada por la historia de mi familia, no por lo que me han dicho sino por lo que han sembrado en mi. Ahora, tengo mujer e hijos, ellos siembran a diario, con lo que mi estilo va mejorando por ellos.

S.- Pero yo te ofrezco una buena ocupación y un buen futuro.

C.- Seguro, aquí saco lo justo para poder vestir digno, comer y guardar para los imprevistos. Sin embargo, tú no me conoces ¿ cómo sabes que soy yo? Tú, no lo sabes, yo, no lo se.

Sólo el tiempo y el esfuerzo de ambos por vivir ese futuro nos pondría en el lugar que hoy pretendes.

Mi estilo de vida está sujeto, bien asegurado y eso es bueno cuando lo que es te gusta, pero sino te gusta, es una piedra en la bota que acaba por desesperar y compartir un viaje con una piedra no es ni grato ni envidiable. Por el contrario te digo que si veo que debo cambiar soy constante hasta que lo consigo. Ventajas y desventajas.

S.- ¿Tú serías capaz de ser el líder de mi feudo?

C.- Sino sabes si soy la persona que puede compartir ese futuro ¿Cómo sabrás si puedo ser el líder?

S.- De pequeño eras un respondón ¿no?

C.-Aquí, todos.

S.- Bueno ¿puedes o no?

C.- Si, con mi estilo, pero piensa que dos estilos al mismo tiempo no caben. En una familia sólo puede haber un padre y una madre, los demás son primos, hermanos, abuelos …

¡Alto! Se que me vas a preguntar que tipo de estilo tengo. Sencilla respuesta, el de mi vida. Como vivo, ese es mi estilo. Matizado por los días en que estoy crispado, enfadado, cansado o preocupado.

Si pudieras conocer como vivo, podrías conocer como es mi estilo.

Y te digo, que nunca pelearía con alguien que comparto camino y futuro. Discutir, mucho y duro pero nunca parecer que quiero una posición que no es la natural y recuerda que en una familia no caben dos padres o dos madres.

Tu puedes encontrar en esta tierra a muchos que te sirvan pero ninguno de ellos te sirve sino los conoces como personas. Sus estilos serán como vivan nadie podrá engañarte.

Cuentan que el señor retornó a su feudo sin la solución pero hoy vivimos en las tierras mejoradas de aquel señor.

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